Un día como hoy derogamos la impunidad y el encubrimiento

El 21 de agosto de 2003, por decisión política del Presidente de la Nación, Néstor Carlos Kirchner, el Senado convirtió en Ley la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Aquella democracia que supimos conseguir fue condicionada con la promulgación de estas dos leyes y se necesitaron 16 años y un Presidente que pusiera la política de Derechos Humanos como algo fundamental para subsanar esa vieja herida.
Hoy, tenemos que seguir trabajando por una justicia independiente de los poderes económicos, políticos y de facto.